Remedios olvidados: El bálsamo tutía

¿Cuántas veces habré dicho «no hay tu tía»? Más de mil… Es una de las expresiones populares más extendidas y que llevo oyendo toda la vida.

Este proverbio popular tiene mucha historia. En este artículo voy a hablar de su origen, composición, usos y receta.

Vamos a descubrir por qué decimos «no hay tu tía».

La historia y receta en vídeo

Su historia

El bálsamo de tutía o ungüento de atutía fue un remedio muy apreciado desde la antigüedad hasta la era premoderna.

Existen textos muy antiguos que hablan de un bálsamo ocular y el óxido de zinc, como el texto médico Charaka-samhita de la India (500 a.C.) y los escritos de Dioscórides y Galeno (médicos grecorromanos). Más tarde, Avicena también hizo referencia a él en el Canon (1025 d.C).

No fue hasta más tarde que, a través del mundo árabe, este bálsamo llegó a Europa y se popularizó su uso.

En al-Ándalus y la España medieval se adoptó el término árabe «attutíyya«, que se adaptó al castellano como «atutía«, para designar un preparado medicinal a base de óxidos metálicos.

Avicena (Bu Ali Sina)de Hossein Behzad, fuente wikipedia.org

Este ungüento se usaba tradicionalmente contra enfermedades oculares, aplicándose como colirio para aliviar irritaciones, conjuntivitis, úlceras corneales y párpados inflamados.

Con el paso del tiempo, sus indicaciones se extendieron a «casi todos los males», otorgándole fama de panacea.

De hecho, la atutía llegó a compararse con el legendario bálsamo de Fierabrás (que ya sabemos que no es real) y su nombre se convirtió en sinónimo de remedio universal.

En el Siglo de Oro español (siglos XVI–XVII), el ungüento de tutía era común en las boticas. Se utilizaba para tratar heridas, infecciones y, sobre todo, problemas oculares, tal como relatan los tratados médicos de la época.

Receta antigua

Según los recetarios históricos, el ungüento de tutía clásico se componía de polvos minerales mezclados con aceite rosado y cera.

Las proporciones podían variar. Por ejemplo, una receta tradicional emplea:

  • Atutía preparada (óxido de zinc impuro, «flores de cinc») – 3 onzas (aprox. 85 gramos)
  • Cerusa (albayalde, carbonato básico de plomo blanco) – 3 onzas (≈85 g)
  • Litargirio («plomo quemado», monóxido de plomo de color amarillo) – 3 onzas (≈85 g)
  • Incienso (resina de olíbano, pulverizada) – 3 onzas (≈85 g)
  • Aceite rosado (aceite de oliva infusionado con pétalos de rosa) – 12 onzas (≈340 g; cantidad suficiente para la mezcla)
  • Cera blanca (cera de abejas refinada) – 3 onzas (≈85 g)

Estos ingredientes corresponden a la fórmula tradicional conocida en latín como Unguentum diapompholygos o Ungüento de Tutía, legado de la farmacopea de Myrepsus (siglo XIII).

Óxido de zinc impuro

Óxido de zinc por Adam Rędzikowski, fuente wikipedia.org

Es el compuesto esencial del bálsamo de tutía. Se trata de óxido de zinc impuro adherido como costra grisácea a las paredes internas de chimeneas y conductos de hornos donde se funden metales (especialmente en la obtención de latón, aleación de cobre con zinc).

Antiguamente se llamaba atutía al óxido de zinc impuro al que luego se añadía el resto de los ingredientes para hacer el bálsamo.

¿Para qué se usaba?

Aplicada sobre la piel, actúa como astringente y desecante, reduciendo la humedad de llagas e inflamaciones.

Los médicos antiguos constataban que la tutía «seca con rapidez las úlceras» benignas de la superficie ocular y alivia la oftalmía húmeda (conjuntivitis con supuración) al reducir la inflamación y evitar infecciones.

En otras palabras, tiene un efecto antiséptico suave y antiinflamatorio, comparable al que hoy reconocemos en el óxido de zinc presente en pomadas dermatológicas como cremas para dermatitis del pañal o calamina, por sus cualidades protectoras de la piel.

No es de extrañar que se considerase un remedio eficaz: en ausencia de antibióticos, la acción desecante y antibacteriana de la tutía podía ayudar a controlar infecciones en heridas y ojos. Además, al combinarse con otras sustancias como el incienso, se potenciaba su efecto curativo.

Receta adaptada

Esta receta adaptada sirve para tratar irritaciones cutáneas leves, piel inflamada, pequeñas heridas, quemaduras superficiales y eccemas.

Ingredientes:

  • 10 g de óxido de zinc puro (farmacéutico)
  • 10 g de arcilla blanca (caolín puro)
  • 10 g de incienso en polvo (olíbano)
  • 60 ml de oleato de pétalos de rosa macerado en aceite de oliva
  • 10 g de cera de abejas blanca

Otros ingredientes que podríamos usar en este bálsamo:

Resina de benjuí: antiséptico natural que combina bien con el olíbano y aporta un aroma agradable.

Polvo de mirra: antiinflamatorio y desinfectante, útil en heridas.

Oleato de hipérico: excelente para cicatrizar la piel, reducir la inflamación y aliviar molestias.

Manteca de karité y/o lanolina vegetal: pueden sustituir la cera de abejas para lograr una textura más cremosa. Además, hidratan y nutren la piel, algo muy necesario en muchas dermatopatías.

Elaboración:

  1. Calienta al baño María el oleato de rosas con la cera de abejas. Remueve bien.
  2. Una vez esté todo bien mezclado, retira del fuego.
  3. Añade el óxido de zinc, la arcilla blanca y el olíbano pulverizado. Remueve constantemente con espátula de madera o silicona hasta formar una mezcla homogénea sin grumos.
  4. Vierte en frascos de vidrio o cerámica bien limpios y esterilizados mientras aún está fluido. Deja enfriar completamente antes de tapar.
  5. Etiqueta tu bálsamo y ¡a disfrutar! 🙂

Este bálsamo, si está bien hecho, dura hasta 6 meses en la alacena (un lugar fresco, seco y alejado de la luz directa).

Precauciones: No lo apliques en mucosas ni cerca de los ojos. Tampoco lo uses en heridas abiertas profundas o infectadas.

Espero que os haya gustado esta curiosa historia del «no hay tu tía» 🙂 ¿Conocíais su origen? Contadme…

Os animo a poner manos a la obra y probar esta receta. Estoy segura de que la adaptaréis y haréis vuestra. ¡Contadme cómo os va! 😊

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